El impacto de la Cruz en un corazón endurecido

Categoría: Cristianismo | Reflexiones

Fecha Publicación: Ene 31, 2026

Por Luis Felipe Torres Muñoz | 2026 Derechos Reservados

Analogía

Imagina un bloque de mármol, frío y duro, tallado por años de viento y lluvia, aparentemente insensible. Pero un día, el escultor divino coloca sobre él una gota de sangre preciosa, y al instante, el mármol se ablanda, se quiebra en su interior y de sus grietas brota un manantial de vida nueva. Así era el centurión: un hombre endurecido por la guerra, la muerte y la disciplina férrea. Pero ante la Cruz, su corazón de piedra se convirtió en corazón sensible. La Cruz de Cristo no solo partió el velo del templo; también parte los corazones más resistentes.

Texto clave: «Mas el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.» (Marcos 15:39).

Introducción

Hermanos, hoy contemplamos a un hombre que no buscaba a Dios, pero a quien Dios buscó al pie de la Cruz. No era un discípulo, ni un sacerdote, ni un devoto judío. Era un soldado romano, un centurión, un hombre de manos manchadas por la sangre de la crucifixión. Pero en ese momento, algo ocurrió que quebró su dureza y lo llevó a proclamar la verdad más grande de la historia. ¿Qué vio? ¿Qué sintió? Y lo más importante: ¿qué nos dice a nosotros, la iglesia del Señor, hoy?

  1. Lo que el centurión vio: Tres realidades que quebrantan el corazón – La Cruz revela lo que el mundo no puede ver.
    1. Vio a un hombre que murió como ningún otro.
      1. Murió perdonando (Lucas 23:34): «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
        — Mientras los soldados clavaban sus manos, Él clamaba por su perdón.
      2. Murió salvando (Lucas 23:43): «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.»
        Aún en agonía, traía esperanza al más perdido.
      3. Murió entregándose voluntariamente (Juan 10:18):Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.
        — No fue víctima; fue víctima voluntaria por amor.
    2. Vio señales que revelaban el juicio de Dios.
      1. Tinieblas sobrenaturales (Mateo 27:45): «Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.»
        — El sol se escondió; la creación gimió ante la muerte del Creador.
      2. Terremoto y resurrección de santos (Mateo 27:51-52): «Y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros.»
        — La muerte fue vencida en el mismo instante en que Jesús moría.
    3. Vio la reacción de la creación ante la muerte del Hijo de Dios.
      1. El velo del templo rasgado (Mateo 27:51): «Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.»
        — Dios abrió el camino al Lugar Santísimo. El centurión, aunque gentil, estaba presenciando el fin del sistema sacrificial.
  2. Lo que el centurión confesó: Una declaración que desafía al mundo – La fe nace cuando los ojos del corazón se abren.
    1. Confesó la divinidad de Jesús:
      1. «Verdaderamente…» (Marcos 15:39): No fue una exclamación casual, sino una conclusión inescapable.
      2. «…este hombre era Hijo de Dios»: Usó el mismo título que el Sanedrín había condenado (Mateo 26:63-66).
    2. Su confesión fue pública y valiente:
      1. Delante de sus soldados: Arriesgaba su autoridad y reputación.
      2. En el lugar de la vergüenza: La Cruz era locura para los romanos (1 Corintios 1:23).
    3. Su confesión fue confirmada por Lucas.
      1. «Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.» (Lucas 23:47)
        — No solo reconoció a Jesús como Hijo de Dios, sino como el Justo, el Mesías prometido.
  3. Lo que el centurión nos enseña: Cuatro evidencias de un corazón transformado por la Cruz – El verdadero encuentro con la Cruz produce cambios visibles.
    1. Temor reverente (Mateo 27:54):
      1. «El centurión y los que estaban con él guardando a Jesús… temieron en gran manera.»
        — No miedo humano, sino temor santo ante la presencia de Dios.
    2. Fe confesada (Romanos 10:9-10):
      1. «Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.»
        — La fe verdadera no se esconde.
    3. Gloria dada a Dios (Lucas 23:47):
      1. Su declaración fue un acto de adoración, no solo de observación.
    4. Testimonio inmediato:
      1. No esperó a ser teólogo; habló lo que había visto y creído.
  4. ¿Ha impactado la Cruz tu corazón? – Nosotros tenemos mayor testimonio que el centurión.
    1. Nosotros hemos oído la Palabra completa (Romanos 10:17):
      1. La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
        — Tenemos los Evangelios, las Epístolas, el testimonio de la resurrección.
    2. Debemos mostrar las mismas evidencias:
      1. ¿Temes a Dios, o vives en liviandad? (Filipenses 2:12).
      2. ¿Confiesas a Cristo delante de los hombres? (Mateo 10:32).
      3. ¿Glorificas a Dios con tu vida? (1 Corintios 10:31).
      4. ¿Tu fe produce fruto? (Santiago 2:18).
    3. La Cruz nos une como pueblo transformado:
      1. El centurión, gentil, confiesa al Mesías judío. En Cristo, muros caen (Efesios 2:14).

Conclusión

Hermanos, el centurión nos recuerda que nadie está tan lejos, tan endurecido o tan manchado que la Cruz no pueda alcanzarlo. Él no tuvo seminario, ni Biblia, ni sermones. Solo vio a Jesús morir. Nosotros hemos visto más: sabemos que resucitó. Si aquel soldado romano pudo confesar a Cristo en medio de las tinieblas, ¿cómo no habremos nosotros de proclamarlo en plena luz?
Que nuestra vida diga, como la suya: «Verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios.» Y que esa confesión no quede en palabras, sino que transforme nuestra mente, nuestras prioridades y nuestra misión en este mundo.

Luis Felipe Torres Muñoz

Un servidor de Cristo en la iglesia de Cristo Manizales, cristiano desde el año 1999, Casado con una gran mujer, Juliana Arboleda y bendecido con 2 hermosos hijos, Maria Camila y Juan Felipe, con el deseo firme de servir a Dios con todo mi corazón. Rogando a Dios su favor siempre y misericordía para con cada uno de mis hermanos y mi persona.

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