Saltar al contenido
iglesia de Cristo Manizales

Si Dios es el que habla, ¿por qué no oírlo?

Imagen de cabecera de Si Dios es el que habla, ¿por qué no oírlo?

Recursos de esta entrada

Escucha, mira o descarga

Descargar material PDF50_El que es de Dios las palabras de Él oye.pdf
Tamaño de lecturaTamaño normal

Oír con reverencia, fe y obediencia la Palabra de Dios no es una opción secundaria ni una preferencia humana, sino la prueba definitiva de nuestro parentesco espiritual con el Creador; si el Dios omnipotente ha roto el silencio para hablarnos, abrir el corazón y obedecerle es la única respuesta consecuente de Su iglesia.

La prueba inequívoca de pertenecer a Dios en Juan 8:47

Texto Base: [[Juan 8:47]] (Contexto: [[Juan 8:31-47]])
Versículo Clave: «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.» (Juan 8:47)

Objetivos del Mensaje

  1. Reverenciar al Emisor: Despertar en la congregación el asombro y la solemnidad de saber que en la Escritura es el Dios eterno quien nos está hablando directamente.
  2. Clarificar el Concepto Bíblico de «Oír»: Demostrar que oír a Dios en el Nuevo Testamento jamás es una mera percepción auditiva pasiva, sino una recepción obediente (akouō / shemá).
  3. Confrontar la Sordera Espiritual: Identificar los obstáculos que apagan el oído del creyente (prejuicios, afán carnal, selectividad cómoda y endurecimiento).
  4. Validar la Filiación Espiritual: Llevar a cada hermano a examinar si su disposición ante la Palabra demuestra que verdaderamente «es de Dios».
  5. Impulsar una Respuesta Concreta: Llamar a la iglesia a escuchar la predicación y la lectura bíblica con la actitud reverente del profeta Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo oye».

Palabras Clave y Términos Originales

  • Oye (akouei): Del griego ἀκούω (akouō). En la teología joánica y en el trasfondo veterotestamentario (el Shemá, Dt 6:4), oír no es registrar vibraciones sonoras, sino prestar atención reverente, asimilar la verdad y ponerla por obra inmediatamente.
  • Palabras (rhēmata): ῥήματα (rhēmata). No ideas abstractas o especulaciones humanas, sino los dichos específicos, declaraciones concretas y mandamientos articulados por la boca de Dios a través de Su Hijo.
  • De Dios (ek tou theou): La preposición ἐκ (ek) denota origen, procedencia, naturaleza y pertenencia. Quien «es de Dios» tiene a Dios como Padre espiritual y posee una afinidad nata con la verdad divina.

Introducción

  1. La paradoja de la comunicación humana:
    • Si un médico eminente nos da un diagnóstico de salud, escuchamos con absoluta atención. Si la máxima autoridad civil o un juez nos convoca, dejamos cualquier distracción para atender cada palabra.
    • Sin embargo, cuando se abre la Biblia y Dios Todopoderoso toma la palabra en la asamblea de los santos, ¿con cuánta facilidad el hombre se distrae, bosteza, cuestiona o posterga la obediencia?
  2. El contexto de Juan 8:31–47:
    • Jesús estaba dialogando en el templo con personas religiosas que se gloriaban en su linaje: «Linaje de Abraham somos... un padre tenemos, al cual es Dios» (vv. 33, 41).
    • Pero Jesús expone la hipocresía de su profesión: pretendían tener a Dios por Padre mientras rechazaban Sus palabras y buscaban matar a Su Hijo (vv. 37, 40).
  3. La sentencia inapelable de Cristo (v. 47):
    • Jesús establece un axioma espiritual directo: «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios».
    • Pregunta rectora: Si Dios es el Creador que sustenta nuestro aliento, si Él es el Rey que nos juzgará y el Padre que nos rescató con la sangre de Su Hijo: ¿Por qué no habríamos de oírlo?

I. La Majestad del Emisor: Dios Ha Roto el Silencio Cósmico

«Si Dios es el que habla...» — La identidad del que habla determina la solemnidad con la que se escucha.

  1. No habla un hombre falible ni un filósofo especulativo:
    • En la Escritura no encontramos consejos humanos negociables, ni opiniones de sabios que caducan con el tiempo, sino la voz del Dios eterno que no puede mentir (Tit 1:2; Nm 23:19).
    • Isaías 1:2 — «Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová». Toda la creación inanimada se cuadra en silencio reverente cuando el Creador emite Su voz; ¡cuánto más la criatura dotada de razón y redimida por gracia!
  2. La culminación suprema en Cristo Jesús:
    • Hebreos 1:1–2 — «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».
    • El Padre mismo testificó desde la nube de gloria en el monte de la transfiguración: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd» (Mt 17:5). Oír a Jesús es oír al Padre que lo envió (Jn 12:49–50).
  3. El valor inapreciable de Su revelación:
    • El Salmo 19:7–10 declara que las palabras de Dios son «más deseables que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal».
    • Aplicación homilética: Hermanos, cuando abrimos este Libro cada domingo o en nuestra mesa familiar, no estamos leyendo una antología literaria; estamos escuchando al Rey del universo dirigiéndose a nuestras almas. ¿Refleja nuestra postura y reverencia esa majestad?

II. El Significado Bíblico de «Oír»: La Unión Inseparable Entre Escuchar y Obedecer

«...las palabras de Dios oye...» — ¿Qué significa realmente «oír» en los labios de Jesús?

  1. La distinción entre la acústica física y la audición espiritual:
    • Los fariseos de Juan 8 escuchaban el sonido físico de la voz de Jesús con sus orejas, pero Jesús les dijo en el versículo 43: «¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra».
    • Tenían tímpanos sanos, pero corazones tapados. Como bien comenta Daniel H. King, Sr., la incapacidad de ellos no procedía de una deficiencia intelectual, sino de una embotadura espiritual (spiritual dullness): no querían someterse a la verdad.
  2. El patrón hebreo del Shemá:
    • En toda la revelación bíblica, «oír a Dios» equivale invariablemente a «obedecer a Dios». Si no hay obediencia, Dios no considera que hayamos oído.
    • Santiago 1:22 — «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos». Quien escucha una predicación y sale sin aplicar nada a su matrimonio, a sus negocios o a su lengua, vive en un peligroso autoengaño.
  3. La roca contra la arena:
    • Mateo 7:24–27 — El hombre sabio no es el que acumula libretas de sermones o debate teología en redes sociales, sino el que «oye estas palabras mías y las hace». Ese edifica su casa sobre la roca indestructible, y cuando vienen los vientos del sufrimiento y las pruebas, su fe permanece en pie.
  4. La pregunta de Cristo que desarma toda excusa:
    • Lucas 6:46 — «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?». Llamarle Señor con los labios mientras desobedecemos Sus mandatos es una contradicción intolerable.

III. La Prueba de Paternidad: El Oído Revela el Corazón

«...por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios» — Nuestra actitud ante la verdad bíblica es el termómetro infalible de nuestra condición eterna.

  1. La afinidad biológica y la afinidad espiritual:
    • Un niño recién nacido reconoce de inmediato la voz de su madre entre un centenar de voces extrañas; hay una familiaridad innata.
    • Del mismo modo, el que ha nacido de nuevo del agua y del Espíritu (Jn 3:5; 1 P 1:23) experimenta un deleite natural y una atracción profunda hacia la voz de su Padre celestial.
  2. Las ovejas y el Pastor:
    • Juan 10:27 — «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen».
    • Las ovejas de Cristo no solo reconocen la voz del Maestro: lo siguen. Y en el versículo 5 añade: «Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
  3. El rechazo de la verdad como señal de filiación mundana:
    • Cuando una persona se irrita ante la sana doctrina, cuando rechaza la reprensión bíblica, cuando prefiere doctrinas suaves que le acaricien el oído (2 Ti 4:3), Juan 8:44–47 explica con dolor la causa: ama la mentira porque no pertenece a la Verdad.
    • 1 Juan 4:6 — «Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error».
    • Comentario de Wayne Partain: «Los fariseos pensaban y decían que eran de Dios, pero no lo eran porque no oían las palabras de Dios... Los que no están dispuestos a oír (en el sentido de obedecer) la palabra de Cristo demuestran de quién son realmente».

IV. El Llamado Congregacional: ¿Por Qué No Oírlo Hoy?

Si Dios es quien habla, si Su palabra es vida y si oírle es la marca de Sus hijos: ¿qué nos impide escucharle con entrega total en esta mañana?

  1. Derribemos los tres grandes tapones del oído espiritual:
    • El tapón del orgullo y la autosuficiencia: Creer que ya lo sabemos todo y que el sermón es «para el hermano de al lado» y no para mí.
    • El tapón de las espinas del afán: Venir al culto con la mente dispersa en el trabajo de mañana, las deudas, las redes sociales o los placeres del mundo (Mr 4:18–19).
    • El tapón de la selectividad caprichosa: Estar dispuestos a oír los versículos de bendición, paz y consuelo, pero cerrar el oído obstinadamente ante los mandamientos sobre la pureza sexual, el perdón fraternal, la lengua o la fidelidad en la asamblea.
  2. Dos modelos bíblicos de cómo oír a Dios:
    • El joven Samuel en el santuario (1 Samuel 3:9–10): En medio de la oscuridad espiritual de su época, supo decir: «Habla, Jehová, porque tu siervo oye». Postura de siervo sumiso, listo para recibir órdenes.
    • Cornelio y su casa en Cesarea (Hechos 10:33): Palabras conmovedoras ante el apóstol Pedro: «Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado». ¡Qué bendición cuando una iglesia local se reúne cada domingo con esa misma expectativa santa!

Conclusión

  1. Recapitulación:
    • Dios ha hablado en Su Hijo y Su voz está preservada viva y eficaz en las Escrituras (Heb 4:12).
    • La prueba de que somos de Dios no reside en nuestros sentimientos cambiantes, ni en la antigüedad de nuestra membresía, sino en nuestro gozo reverente por oír y obedecer cada una de Sus palabras.
  2. La exhortación final:
    • Hebreos 3:15 — «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones».
    • La palabra clave es «HOY». El enemigo dice: «Escucha y arrepiéntete mañana, cambia después, busca a Dios más adelante». El Espíritu de Dios dice: «Si oyes hoy Su voz, no la resistas».

Preguntas de Aplicación Pastoral para la Iglesia

  1. Al examinar mi conducta durante la asamblea dominical y en mi devoción diaria, ¿demuestro con mi atención que creo firmemente que Dios me está hablando?
  2. ¿Existe alguna enseñanza clara de la Biblia que he estado evitando oír conscientemente porque incomoda mis preferencias o mi estilo de vida?
  3. ¿Cómo reacciono cuando la Palabra de Dios corrige mis errores o reprende mis faltas: con docilidad y gratitud, o con molestia y justificaciones como los oyentes de Juan 8?
  4. Si un observador imparcial evaluara mi semana, ¿vería en mis decisiones que soy una oveja que conoce la voz de Cristo y le sigue, o una persona que sigue la voz de las modas del mundo?

Referencias Bibliográficas y Fuentes

  • King, D. H., Sr. (1998). Truth Commentary: The Gospel of John. Truth Publications, Inc., pp. 235–237.
  • Partain, W., & Reeves, B. H. (2003). Comentario a Juan: Capítulo 8 (Notas sobre Juan 8:43–47).
  • Reina-Valera, Versión 1960 (RVR1960). Sociedades Bíblicas Unidas.
  • Thayer, J. H. (1901). A Greek-English Lexicon of the New Testament. American Book Company.
Comparte esta enseñanza

Haz llegar este mensaje a alguien más

Comparte la entrada completa con su referencia, autor y enlace de consulta.