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La Histeria Colectiva y las Señales del Fin

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Mateo 24:6-8 Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores.

¿Son los terremotos el preludio inminente del Apocalipsis?…

Por Luis Felipe Torres

Mateo 24:6-8 Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores. 

Objetivos del Mensaje

  1. Desarticular el alarmismo escatológico moderno mediante una exégesis precisa del Discurso de los Olivos.
  2. Proveer al creyente de discernimiento para no caer en la histeria colectiva fomentada por redes sociales y falsos profetas.
  3. Restaurar la paz del cristiano al comprender que la soberanía de Dios gobernar incluso los desastres naturales.

Palabras Claves

Escatología, Mateo 24, Señales del Fin, Terremotos, Odines (ωδίν - dolores de parto), Throeo (θροέω - turbarse/alarmarse), Sensacionalismo Religioso, Apologética.

Analogía

Imagina un inmenso y antiguo reloj de péndulo en la sala de una casa. Cada hora en punto, la maquinaria cruje ligeramente antes de dar las campanadas. Un niño que nunca ha escuchado el reloj podría asustarse con el primer crujido, pensando que la casa se está derrumbando. Sin embargo, el relojero que lo diseñó sabe que esos sonidos son simplemente el mecanismo trabajando exactamente como fue calibrado. Del mismo modo, los terremotos y desastres no son el universo saliéndose de control ni una señal de que la historia está colapsando en el caos; son los crujidos del mecanismo soberano de Dios, recordándonos que el tiempo avanza hacia el propósito que Él ya estableció. El relojero tiene el control.

Introducción

Vivimos en la era de la sobreinformación. Cada vez que la tierra tiembla en alguna parte del mundo, las redes sociales se inundan de predicadores, «profetas» de internet y creyentes alarmados que declaran: «¡Es el fin! ¡Cristo viene esta noche!». Esta histeria colectiva religiosa no es nueva, pero la tecnología la ha amplificado a niveles sin precedentes. El problema de este alarmismo no es solo que produce ansiedad, sino que revela una deficiencia hermenéutica profunda: estamos leyendo las noticias antes de leer nuestras Biblias. Cuando Jesús habló de terremotos y desastres, Su mandato principal no fue «entrad en pánico», sino exactamente lo contrario: «mirad que no os turbéis» (v. 6). Hoy, haremos una defensa apologética y exegética de las palabras de Cristo para silenciar la histeria y anclar nuestra fe en la verdad.

  1. El Contexto Hermenéutico: Respondiendo a las Preguntas Correctas.
    Para entender Mateo 24, debemos entender qué le preguntaron a Jesús. En el versículo 3, los discípulos hacen preguntas que, en sus mentes judías, estaban entrelazadas, pero que históricamente representan eventos distintos:
    1. La confusión de los discípulos: «¿Cuándo serán estas cosas [la destrucción del Templo]?» y «¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?». Ellos asumían que si el Templo caía, era el fin del mundo.
    2. La distinción de Cristo: Jesús procede a desentrañar sus preguntas. Parte de Su discurso (vv. 4-35) se enfoca fuertemente en el juicio inminente sobre Jerusalén que ocurriría en el año 70 d.C. bajo el general romano Tito.
    3. El peligro del anacronismo: Si leemos los «terremotos» y las «guerras» olvidando el siglo I, seremos presa del sensacionalismo. Hubo grandes terremotos registrados antes de la caída de Jerusalén (Creta, Esmirna, Hierápolis, Colosas, Chíos, Mileto, Samos, e incluso en Roma y Judea, documentados por Tácito y Séneca). Jesús estaba advirtiendo a esa generación temprana para que no se dejara engañar por falsos mesías en medio de la agitación política y sísmica de la época.
  2. La Naturaleza de los «Principios de Dolores» (Odines).
    Jesús afirma que habrá «pestes, hambres y terremotos», pero añade una frase crucial: «todo esto será principio de dolores» (Mt. 24:8).
    1. La palabra Odines (ωδίν): En el griego original, este término se refiere específicamente a los dolores de parto.
      1. Progresividad: Así como los dolores de parto son recurrentes y parte natural de dar a luz a una nueva vida, los cataclismos terrestres son característicos de un mundo caído que «gime» (Ro. 8:22) esperando su redención.
      2. No son el clímax: Un dolor de parto indica que el proceso está en marcha, no que el bebé ya nació. Los terremotos han sido constantes en la historia humana; son el murmullo de fondo de la historia redentora, no necesariamente la trompeta final.
    2. La falacia del aumento estadístico: Muchos religiosos aseguran histéricamente que «hoy hay más terremotos que nunca». Sin embargo, los sismólogos (como los del USGS) han aclarado que la tierra no está temblando más; simplemente hoy tenemos instrumentos sísmicos mucho más sensibles y comunicaciones globales instantáneas. Escuchamos de todo, en todas partes, todo el tiempo.
  3. Apologética contra el Alarmismo: «Mirad que no os turbéis»
    El mandamiento central de Cristo en medio de la predicción de desastres no es la especulación, sino la estabilidad mental y espiritual.
    1. El verbo Throeo (θροέω): Traducido como «turbéis» o «alarméis». Significa gritar por el susto, estar aterrorizado o perder la calma interior.
    2. «Es necesario que todo esto acontezca»: Jesús está proveyendo un marco teológico soberano. Los desastres naturales, en la providencia de Dios, son «necesarios». No sorprenden al Trono.
    3. El verdadero peligro - El Engaño Espiritual: Nota que Jesús dedica mucho más tiempo a advertir contra los falsos cristos y los falsos profetas (vv. 4, 5, 11, 23, 24) que contra los terremotos. La ironía de la histeria colectiva moderna es que, al enfocarse obsesivamente en los terremotos y las «señales» físicas, los creyentes terminan cayendo exactamente en el engaño de los falsos profetas sensacionalistas contra los cuales Jesús advirtió.

Conclusión

¿Son los terremotos señales del fin? Sí, en el sentido de que nos recuerdan constantemente que vivimos en un mundo fracturado por el pecado y que el tiempo avanza hacia el juicio. Pero no son un reloj de cuenta regresiva diseñado para provocar histeria. Cada vez que la tierra tiembla, no es momento de entrar en pánico en las redes sociales ni de intentar predecir el día y la hora. Es un momento para recordar que nuestra ciudad permanente no está en esta tierra que se estremece, sino en el Reino inconmovible de Cristo (Heb. 12:27-28). Cambiemos la histeria por la esperanza bíblica.

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