Proposición central: La Escritura condena la hechicería y reconoce la oposición espiritual, pero no atribuye a los hechiceros poder soberano sobre los creyentes ni autoriza a diagnosticar un maleficio detrás de cada sufrimiento. La respuesta cristiana es abandonar esas prácticas, confiar en Cristo y afrontar los hechos con discernimiento.
¿Puede alguien hacer daño a un cristiano por medio de la brujería?
Versículo clave: Hechos 19:20: «Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor» (RVR1960).
Objetivos del mensaje
- Mostrar qué afirma Hechos 19:11-20 y qué preguntas no responde.
- Distinguir la realidad del mal espiritual de las pretensiones de quienes dicen controlarlo.
- Dar una respuesta pastoral al miedo a una supuesta «obra»: oración, verdad, ayuda concreta y rechazo de la explotación.
Palabras clave
Hechicería o brujería: prácticas que pretenden obtener conocimiento, protección o influencia mediante poderes ocultos. Los términos bíblicos abarcan fenómenos distintos; no todas las prácticas modernas llamadas «brujería» son idénticas entre sí. Aquí tratamos aquellas que prometen ejercer poder espiritual sobre otros.
Discernimiento: juicio que distingue lo que el texto demuestra de lo que alguien supone a partir de su experiencia. En este sermón es tan necesario para no trivializar el mal como para no acusar falsamente a una persona.
Autoridad de Jesús: en Hechos 19, su nombre no funciona como fórmula pronunciable por cualquiera. La escena enfrenta el ministerio autorizado de Pablo con quienes querían apropiarse de ese nombre como técnica.
Analogía
Una amenaza anónima puede provocar un miedo real aunque quien la escribe no tenga la capacidad que presume. En ocasiones puede haber además un peligro concreto que exige protección. Por eso, frente a una supuesta maldición no conviene burlarse del temor ni aceptar la amenaza como prueba de poderes extraordinarios: hay que escuchar, comprobar lo comprobable y actuar con verdad. La analogía ayuda a separar la experiencia de miedo de la explicación que se ofrece para ese miedo; no pretende reducir todo conflicto espiritual a una amenaza humana.
Introducción
Alguien llega y dice: «Me hicieron brujería; desde entonces me enfermé y todo sale mal». Quizá otro creyente responde: «Eso no existe». Otro le asegura: «Sí, alguien te está destruyendo; paga para que rompamos el hechizo». Ambas respuestas pueden dejar a la persona sin la ayuda que necesita. La pregunta pastoral es más precisa: ¿Qué enseña realmente la Escritura sobre estas prácticas y qué podemos afirmar de este caso concreto?
El relato de Hechos 19 sucede en Éfeso, donde Pablo predica y Dios obra milagros extraordinarios. Unos exorcistas ambulantes intentan emplear el nombre de Jesús; fracasan y quedan heridos. La noticia lleva a creyentes a confesar sus antiguas prácticas y a otros practicantes de la magia a destruir sus libros. Lucas termina describiendo el crecimiento de la palabra del Señor. Esta secuencia importa: el centro del pasaje es la autoridad de Dios y la expansión del evangelio, no una explicación técnica de cómo operan los conjuros.
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I. TOMAR EN SERIO LO QUE DIOS PROHÍBE (Hechos 19:18-20; Deuteronomio 18:9-14)
- A. Afirmación: Dios no invita a su pueblo a experimentar con la hechicería para comprobar si funciona. Le manda apartarse de ella. En Deuteronomio 18:9-14, Israel recibe la prohibición de la adivinación, los encantamientos y la consulta a los muertos. El contexto es la entrada en la tierra y la separación de prácticas de las naciones; no es una descripción de la potencia infalible de cada adivino. El Nuevo Testamento vuelve a situar la hechicería entre las obras de la carne en Gálatas 5:19-21. La continuidad moral de la prohibición se ve también en los convertidos de Éfeso: su nueva lealtad a Cristo se expresa en una ruptura con las artes mágicas.[^1]
- B. Demostración del relato: En Hechos 19:18 aparecen creyentes que confiesan sus hechos. En el versículo 19, muchos que practicaban la magia reúnen y queman libros costosos. Lucas distingue los grupos y no aclara que todos los del versículo 19 fueran ya creyentes. Tampoco aclara si los creyentes del versículo 18 habían continuado practicando magia después de su conversión. Conviene respetar esos silencios. Lo que sí muestra es una renuncia visible a prácticas antes estimadas valiosas. El valor de los libros revela el costo de esa ruptura, no un precio que deba pagarse para obtener liberación.[^2]
- C. Conexión y límite: Hechos 8:9-24 presenta a Simón, que asombraba a la gente y luego quiso comprar una capacidad asociada al Espíritu Santo. Hechos 13:6-12 muestra a un mago que se opone a la predicación. En ambos relatos hay pretensión de poder, interés o engaño; no se nos da una regla para identificar remotamente la causa de cada desgracia. El rechazo de esas prácticas procede de la voluntad de Dios, incluso si una afirmación concreta de un hechicero resulta falsa. Sería una mala inferencia razonar: «Si Dios lo prohíbe, entonces cada conjuro surte el efecto anunciado». La prohibición expresa juicio moral sobre la práctica; no certifica todas sus promesas.
- D. Puente y aplicación: Los efesios renunciaron a los recursos de control espiritual que competían con su confianza en el Señor. Hoy el principio se aplica a quien consulta adivinos, encarga «trabajos», paga por «limpias», usa amuletos como garantía espiritual o amenaza a otros en nombre de poderes ocultos. Puede abandonar esos recursos, confesar su participación y pedir acompañamiento cristiano. El relato no convierte la quema pública en un rito obligatorio ni da poder especial a destruir un objeto. La respuesta central es la conversión y la obediencia, no otro procedimiento para manipular lo invisible.
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II. RECONOCER LA OPOSICIÓN ESPIRITUAL SIN ATRIBUIRLE TODO MALESTAR (Hechos 19:11-17; Efesios 6:10-18)
- A. Afirmación: Lucas presenta enfermedades y espíritus malignos como realidades distintas. En Hechos 19:11-12, Dios realiza milagros por medio de Pablo: salen enfermedades y también espíritus malos. El sujeto de la acción es Dios. Los paños vinculados a Pablo no son talismanes con poder propio. El comentario principal subraya explícitamente ambas distinciones: la fuente del poder era Dios y no toda enfermedad se atribuía a espíritus malignos.[^3] Esto impide hacer del relato una invitación a buscar objetos de protección o a diagnosticar un demonio cada vez que alguien enferma.
- B. El intento de los exorcistas: En los versículos 13-16, unos hombres invocan «a Jesús, el que predica Pablo». Pretenden reproducir un resultado con una fórmula. El espíritu reconoce a Jesús y a Pablo, pero los hombres terminan heridos. El relato muestra un conflicto espiritual real y un daño físico real en este episodio. Sin embargo, aquí quienes resultan heridos son los exorcistas durante el encuentro con un hombre poseído. Lucas no describe a un brujo que desde lejos maldice a un creyente y controla su salud o destino. Extender el episodio hasta esa afirmación sería ir más allá de la evidencia.
- C. Conexión con Efesios: Efesios 6:10-18, dirigido a creyentes, llama a fortalecerse en el Señor y mantenerse firmes frente a las asechanzas del diablo. La armadura que enumera comprende verdad, justicia, evangelio de paz, fe, salvación, palabra de Dios y oración. El texto reconoce oposición espiritual, pero orienta al creyente hacia prácticas de fidelidad, no hacia técnicas secretas para descubrir quién lo maldijo. También dice que la lucha no es «contra sangre y carne». Por eso sería una inversión del pasaje convertir a un vecino, familiar o rival en enemigo espiritual por mera sospecha.
- D. Objeción y respuesta: Alguien dirá: «Si existen espíritus malignos, entonces una persona puede enviarlos para dañarme». La primera parte encuentra apoyo en Hechos 19 y Efesios 6. La segunda, como explicación de un caso particular, requiere evidencia que estos pasajes no aportan. La Biblia tampoco nos pide negar de antemano toda dimensión espiritual en cualquier circunstancia. Nos pide resistir con los recursos que Dios sí ha indicado. El resultado responsable es reconocer el conflicto sin afirmar mecanismos, culpables o diagnósticos que el texto no revela.
- E. Puente y aplicación: Si alguien refiere insomnio, dolor, crisis económica o una serie de pérdidas, escuchemos el relato completo. Preguntemos por hechos verificables: síntomas, amenazas, violencia, fraude, relaciones y necesidades concretas. Oremos con esa persona y acompañémosla a buscar atención médica, ayuda pastoral o protección frente a una amenaza real. No pospongamos esa ayuda mientras buscamos un supuesto «trabajo». Tampoco usemos el temor para cobrar por oraciones o prometer resultados que Dios no ha garantizado.
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III. CONFIAR EN CRISTO SIN PROMETER INVULNERABILIDAD (Hechos 19:17-20; Colosenses 2:13-15; Romanos 8:35-39)
- A. Afirmación: Tras el fracaso de los exorcistas, el nombre del Señor Jesús es magnificado; después, la palabra del Señor crece y prevalece. El foco de Lucas no es una victoria de un conjuro cristiano superior. El foco es la autoridad de Jesús y el efecto del evangelio en las personas. La misma ciudad donde había libros de fórmulas ve a hombres y mujeres renunciar a ellas. La salida del miedo no consiste en hallar el encantamiento más eficaz, sino en oír y obedecer la palabra del Señor.
- B. Fundamento cristológico: Colosenses 2:13-15 vincula la victoria de Cristo con la cruz: perdón de pecados y triunfo sobre principados y potestades. El pasaje no identifica cada accidente de un cristiano como ataque de esos poderes. Sí impide tratarlos como señores independientes frente a Cristo. A su vez, Romanos 8:35-39 menciona tribulación, persecución, peligro y muerte antes de afirmar que nada puede separar al creyente del amor de Dios en Cristo. La promesa es comunión segura con Dios en la prueba, no una vida sin prueba. Es importante no transformar «nada nos separará de su amor» en «nada doloroso nos sucederá».
- C. Conexión con Santiago: Santiago 4:7 une someterse a Dios con resistir al diablo. Resistir no significa vivir pendiente de cada rumor sobre hechizos. Significa obedecer a Dios y negarse a ceder ante el pecado y el engaño. Un creyente puede orar por protección y, al mismo tiempo, consultar a un médico; puede confiar en Dios y denunciar una amenaza; puede pedir apoyo a la iglesia sin dar por probado que otra persona hizo brujería.
- D. Respuesta directa a la pregunta: ¿Puede alguien hacer mal mediante la brujería? Una persona que practica o invoca la brujería puede hacer daño de maneras comprobables: intimidar, manipular, defraudar, aislar, amenazar o cometer violencia. La Escritura también reconoce una oposición espiritual real. Pero los pasajes estudiados no permiten afirmar como regla que un hechicero pueda producir a voluntad enfermedad o desgracia mediante un ritual, ni que todo sufrimiento extraño sea prueba de ello. La respuesta cristiana no necesita afirmar más de lo que Dios ha revelado. Puede decir con honestidad: «Tomo en serio tu temor; no sé si esa explicación es cierta; caminemos juntos en la verdad y confiemos en Cristo».
- E. Invitación: Quien ha recurrido a prácticas ocultas, abandónelas y vuelva al Señor. Quien vive aterrorizado por una supuesta maldición, busque la compañía de creyentes maduros, exponga los hechos sin vergüenza y reciba ayuda concreta. Quien ha acusado a otro sin pruebas, detenga esa acusación. La iglesia debe ser un lugar donde el temor se escucha, la Escritura se explica y ninguna persona se convierte en sospechosa por rumores.
Conclusión
Éfeso no nos entrega un catálogo de maleficios. Nos muestra a Dios obrando, a unos hombres incapaces de manejar el nombre de Jesús como fórmula, a personas que se apartan de la magia y a la palabra del Señor prevaleciendo. Por eso, nuestra respuesta combina tres decisiones: rechazar las prácticas ocultas, no inventar causas para el sufrimiento y permanecer firmes en Cristo. Si alguien está sufriendo, la primera tarea pastoral es acercarse, escuchar, orar y prestar la ayuda que realmente necesita. El señorío de Jesús da razones para la confianza; la fidelidad a su palabra nos obliga a hablar con cuidado.
Notas al pie de exégesis
[^1]: Partain, W., y Reeves, B. H. (s. f.). Comentario a Hechos 19, comentarios sobre 19:18-20 [archivo local]. Señalan la confesión pública, el valor de los libros de fórmulas y el contraste entre la superstición y el avance del evangelio. El comentario interpreta el hecho de quemar los libros como ruptura visible; este bosquejo deriva de ello el principio de abandonar las prácticas, sin imponer la forma material del acto como mandato general.
[^2]: Truth Commentary. (s. f.). The Book of Acts, pp. 382-383, comentario sobre Hechos 19:18-20 [archivo local, Acts/19_Chapter_XIX.md]. Traducción íntegra del bloque pertinente: «Lucas usa aquí el término “creído” para indicar que habían ejercido una fe obediente (Gál. 5:6) y, por tanto, eran cristianos (compárese 2:44; 4:4, 32). El uso del tiempo perfecto muestra que estas personas habían llegado a ser creyentes anteriormente; por ello, la ASV y la NASB dicen “habían creído”. La exposición pública de los hijos de Esceva llevó a estos creyentes a confesar su participación anterior en las artes mágicas y a “dar cuenta de sus hechos”, quizá hablando de los métodos secretos y hechizos que habían usado. Filson comenta que “dar cuenta de sus hechos” podría traducirse “revelar sus fórmulas mágicas”. Lucas no dice si habían continuado usando la magia después de hacerse cristianos. Es posible que hubieran cesado tales prácticas, pero el incidente de los hijos de Esceva los llevó a hablar de las cosas que habían hecho antes de su conversión a Cristo y a renunciar a ellas públicamente. Los cristianos deben reconocer que participar en las artes mágicas, incluidas la astrología, la adivinación y el uso de médiums para contactar a los muertos, es pecado. Dios nunca permitió a su pueblo participar en tales prácticas (Deut. 18:9-14; Is. 8:19-20; 47:11-14; Jer. 10:2), y las condena como obra de la carne bajo el término pharmakeia, traducido “brujería” o “hechicería”. Muchos practicantes de las artes mágicas demostraron su renuncia completa a esas prácticas malas. Lucas no dice si todos los mencionados en este versículo estaban entre los creyentes del versículo 18. Los libros que quemaron habrían incluido cosas como hechizos, fórmulas y encantamientos. Como esos libros contenían información muy valorada, eran bastante costosos. El total de los que fueron quemados en Éfeso se valoró en cincuenta mil piezas de plata. La moneda griega de plata más común era la dracma, equivalente al salario medio de un día. A medida que la gente renunciaba a los supuestos poderes del ocultismo, la palabra de Dios se extendía y ejercía una influencia poderosa en los corazones y las vidas de las personas».
[^3]: Truth Commentary. (s. f.). The Book of Acts, p. 380, comentario sobre Hechos 19:11-12 [archivo local, Acts/19_Chapter_XIX.md]. Traducción íntegra del bloque pertinente: «Estos eran objetos que Pablo habría usado mientras trabajaba en su oficio de hacer tiendas. No había poder en esos artículos; el poder provenía de Dios (v. 11). Quizá la importancia de los objetos de Pablo consistía en mostrar la conexión de Pablo con el milagro. Los milagros estaban destinados a confirmar el mensaje de Pablo; por eso, cuando Pablo no estaba presente personalmente, era necesario establecer su conexión con el milagro. Debe observarse que Lucas distingue entre las enfermedades que dejaban a los enfermos y los espíritus malos que salían de ellos. No toda enfermedad se atribuía a espíritus malignos. Respecto a la expulsión de espíritus malignos, compárense los comentarios sobre 5:16».
Referencias bibliográficas
- Biblia. (1960). Reina-Valera 1960. Pasajes consultados: Deuteronomio 18:9-14; Hechos 8:9-24; 13:6-12; 19:11-20; Gálatas 5:19-21; Efesios 6:10-18; Colosenses 2:13-15; Romanos 8:35-39; Santiago 4:7.
- Partain, W., y Reeves, B. H. (s. f.). Comentario a Hechos 19 [archivo local de Neurona Bíblica].
- Truth Commentary. (s. f.). The Book of Acts [comentario local de Neurona Bíblica], pp. 380-383.