SALMO 1 – “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae;”

Categoría: Devocionales

Fecha Publicación: Jul 5, 2021

Autor: Luis Felipe Torres Muñoz

Resumen

El leñador derriba el árbol usando herramientas para ello, corta su tronco y este cae al suelo, se escucha un estruendo, y un escape de animales que albergaban en aquel árbol. Esto ocurre con el árbol silvestre, pero el árbol plantado por aquel Horticultor, que lo cuida y lo ve crecer, que lo riega, solo espera de él su fruto, que lo de al ciento por uno.

¿Qué clase de árbol quieres ser?

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Será como árbol plantado

C.H. Spurgeon dice lo siguiente[1]:

No un árbol silvestre que crece al azar, sino un árbol cuidadosamente “plantado”, escogido, considerado como propiedad privada, cultivado y protegido de ser desarraigado, porque, como dice el Señor Jesús:

Mat 15:13 Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.

Cuando la escritura relaciona al creyente con un árbol plantado, nos dice que el creyente es propiedad del Horticultor Principal, de aquel que tiene el poder de preservar su huerto y dar vida a sus plantaciones con ríos de agua viva, la palabra de Dios. Allí el destructor no tiene cabida; si el árbol es nutrido con las aguas vivas, no caerá, no morirá, porque esta agua hace del árbol, del creyente, un ser vivo y fuerte para su Horticultor, para Dios.

Junto a corrientes de aguas

La corriente que riega aquel huerto, es de agua de vida. Esta frase en sí hace alusión a la manera en como se regaban los huertos y sembrados en el lejano oriente. Se hacían surcos por donde el agua viajaba directamente a la raíz de cada planta, y así cada planta podía aprovechar los nutrientes de la tierra y el agua y dar su fruto apropiadamente.

Esta idea es, incluso, bastante antigua, el Señor así lo había hecho con su creación:

Gén 2:10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

Aquel Horticultor daba vida a su creación con estas corrientes de aguas.

Adam Clarke [1760-1832] dice lo siguiente:

En semejantes condiciones: “plantado junto a corrientes de aguas” las expectativas de fruto son lógicas y más que fiables. Se espera que de fruto, da fruto, y lo da a su tiempo, en el momento apropiado. Una formación espiritual adecuada, sometida a riego constante de las corrientes fertilizantes del Espíritu Santo que nunca se detienen cuando lo buscamos con sinceridad da, con toda seguridad, frutos de justicia.

Por lo tanto, no abandones el huerto celestial, que es la iglesia, las corrientes de aguas que son la palabra de Dios, para que seas un árbol que da fruto a su tiempo, y que su hoja no cae.

Que da su fruto en su tiempo

No como la higuera estéril y sin fruto:

Mar 11:13-14 13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. 14Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.

El creyente sabe que los frutos son necesarios para agradar a Dios, de hecho, podemos apreciar un orden lógico en las escrituras, donde se presenta primero los frutos y después lo demás.

Dar fruto en su tiempo, es dar en el momento apropiado lo necesario para agradar a Dios, dar apoyo al que lo necesita y en el momento en que lo necesita, dar al hermano con necesidad en el momento de la necesidad, dar un consejo o palabra en el momento en que la persona así lo necesite y manifieste, todo en su tiempo.

John Spencer [1559-1614] dice lo siguiente:

Cuando la iglesia está afligida, es tiempo de oración y de aprender; cuando la iglesia crece, es tiempo de alabanza; en la hora del sermón, escuchemos lo que Dios tiene que decirnos; si estamos en compañía de hombres sabios y eruditos, extraigamos de ellos conocimientos y consejos; si somos tentados, es tiempo de apoyarnos en el nombre del Señor, y si tenemos el privilegio de ocupar algún lugar prominente y estamos en autoridad, consideremos en todo momento lo que Dios espera de nosotros en tales circunstancias.

Y su hoja no cae

Antes de mencionar la hoja, el salmista habla primero del fruto. Todo creyente en Dios debe entender que:

1Co 4:20 Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.

Dando mención a las obras, antes que a las palabras.

Esta idea es muy reiterada en las sagradas escrituras:

Hch 1:1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

Nuestro Señor Jesús “comenzó a hacer primero y luego a enseñar” y era considerado:

Luc 24:19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;

Lo cual indica que todo creyente, enviado a enseñar la palabra, debe anteponer primero su propia obra, porque no sería congruente enseñar algo que no se vive.

Al hacer mención de que “su hoja no cae” nos enseña Dios que el creyente resiste, se fortalece con cada prueba, y sobre todo con el riego constante de la palabra de Dios.

El diablo odia profundamente y en toda su amargura esa “hoja que no cae” – el creyente y hacedor de la obra de Dios se caracteriza por soportarlo todo, en todo momento y lugar y no caer como el diablo desearía.

Así que, procura ser aquel árbol fuerte y bien plantado por Dios, dando fruto en su tiempo y evitando caer en las cosas del mundo.

¡Dios nos bendiga!

[1] Spurgeon, Charles H. 2015. EL TESORO DE DAVID: LA REVELACIÓN ESCRITURAL A LA LUZ DE LOS SALMOS. TOMO I. Vol. 1. 1.ª ed. Barcelona: CLIE. Pág. 96.

Luis Felipe Torres Muñoz

Un servidor (Anciano, Pastor u Obispo) de Cristo en la iglesia de Cristo Manizales, cristiano desde el año 1999, Casado con una gran mujer, Juliana Arboleda y bendecido con 2 hermosos hijos, Maria Camila y Juan Felipe, con el deseo firme de servir a Dios con todo mi corazón. Quiero enviar un mensaje muy especial a todos los que leen y comparten todo este material, esperando en Dios que le sea de gran provecho para su alma.

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